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viernes, 26 de noviembre de 2010

REFLEXIONES SEMANALES: ¿CÓMO ES TU MANERA DE HABLAR?

Una comida a la que le falta sal realmente es difícil de digerir, igualmente las palabras sin la sal del amor de Dios son imposibles de causar un impacto profundo en la vida de las personas, pudiendo en muchos casos herir, mentir, denigrar, odiar, etc.; nuestro compromiso personal debe encaminarse a controlar nuestras palabras de tal manera que sean siempre un testimonio de los cambios que Cristo está generando en nuestra vida.

Saludos y bendiciones

José Luis
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¿Cómo es tu manera de hablar? 

Colosenses 4:6 


“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”


El gran estadista francés Richelieu (1585-1642) era conocido también como un hombre de gran cortesía. En una ocasión, alguien le solicitó un trabajo sabiendo que no se lo daría. La manera de hablar de Richelieu era tan cálida y expresaba tanta aceptación que valía la pena que le negasen a uno una petición sólo para escuchar con cuánta amabilidad se expresaba, aun cuando decía que no. 


Todos podemos aprender de ese ejemplo. Especialmente los cristianos pues, siendo representantes de Cristo, debemos ser muy sensibles a las necesidades, al dolor y a las decepciones de los demás. Por ello de nuestra boca no deben salir palabras duras ni nuestra voz debe tener un tono áspero, ni siquiera cuando creemos que es necesario ser firmes. Cristo mora dentro de nosotros y, si nos sometemos a su control y a su amor, será evidente no sólo en lo que decimos, sino también en cómo lo decimos. Los gestos del cuerpo, las expresiones de la cara, el tono de la voz muchas veces dicen más que las palabras que salen por nuestras bocas. 


Generalmente podemos tener una buena idea de la madurez espiritual de una persona por la manera como habla o actúa. Nunca debemos, con nuestras palabras o nuestros actos, subestimar a otros, ni hacerlos sentir que no son importantes. La Biblia dice en Filipenses 2:3:“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Nuestra naturaleza humana nos impulsa en sentido contrario a este consejo, pero el Espíritu Santo puede obrar en nosotros de manera que lleguemos a tener la tendencia a ser amables y considerados con los demás, aunque a veces tengamos que sacrificar nuestra propia comodidad. La clave es esta: “Estimar a los demás como superiores a nosotros mismos”. Si nos situamos en un nivel inferior no nos será difícil ser corteses y amables con esa persona, hablando con gentileza y consideración. 


Aún en las ocasiones en que recibamos un mal trato, mostramos sabiduría cuando hablamos palabras suaves. Dice Proverbios 15:1-2: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará la sabiduría; mas la boca de los necios hablará sandeces.” Muchas veces la diferencia entre ser ofensivos o ser una bendición radica simplemente en la manera de hablar. La Biblia nos exhorta a exponer nuestras convicciones con firmeza pero con gentileza. El apóstol Pedro escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” (1 Pedro 3:15). La amabilidad y el respeto han de caracterizar nuestro testimonio a un mundo incrédulo. No debemos transigir en nuestro compromiso con Cristo, sino que hemos de estar preparados para contestar a cualquiera que nos pregunte acerca de nuestra esperanza de la manera más amable posible.


Yo tengo la tendencia a expresar mis opiniones con demasiado énfasis. En mi entusiasmo por comunicar una idea suelo hablar alto y gesticulando excesivamente. Como resultado, a menudo doy la impresión de que estoy enojado cuando en realidad no lo estoy. En más de una ocasión, personas allegadas a mí, me han llamado la atención al respecto. Yo estoy consciente de esto, y estoy tratando, con la ayuda del Señor, de mejorar en este aspecto. Y espero continuar mejorando hasta el punto de llegar a complacer el corazón de mi Padre celestial.


El pasaje de hoy nos enseña que debemos ser cuidadosos al hablar, que nuestras palabras deben ser siempre “sazonadas con sal”, es decir agradables y gentiles. ¿Cómo es tu manera de hablar? ¿Crees que con ella glorificas el nombre de Dios? ¿O piensas que necesitas algunos cambios en esta área, a la luz de esta enseñanza? Si es lo último, y tu corazón está dispuesto a cambiar, el Señor puede ayudarte.


ORACION: Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a ser un testimonio agradable a ti en mi manera de expresarme y actuar. Que yo pueda tratar a los demás con amor y gentileza, y que mis palabras y mi manera de hablar siempre te glorifiquen. En el nombre de Jesús, Amén.



Fuente: http://www.diostehabla.com/diaria.php

miércoles, 24 de noviembre de 2010

REFLEXIONES SEMANALES: ¿ESTÁS CONSIENTE DEL PODER DE TU LINAJE?

En tiempos antiguos y en la actualidad en sistemas monárquicos, el linaje era y es muy importante para la nobleza en relación con la sucesión de títulos, propiedades y derechos; para nosotros como seguidores de Cristo, ese linaje nos transforma en parte de la familia de Dios y consecuentemente en herederos de las bendiciones del Padre por medio de su hijo, ese linaje nos da poder, del cual nos habla el texto de hoy.

Saludos y bendiciones

José Luis
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¿Estás consiente del poder de tu linaje? 

1 Pedro 2:9


“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable."


En una subasta llevada a cabo en un hipódromo de Miami, Florida, un potro de 2 años de edad fue vendido por la exorbitante suma de 16 millones de dólares, estableciendo un record como el caballo de más valor que se haya vendido jamás. El comprador espera que este caballo obtenga muchos premios para él, corriendo en futuras competencias. Lo más interesante del caso es que el potro no ha participado ni en una sola carrera en su vida. Lo que da este extraordinario valor al caballo es simplemente el hecho de contar entre sus antepasados con dos ganadores del famoso evento equino conocido como el Kentucky Derby. Es decir, no es lo que este pura sangre ha demostrado hasta ahora, sino el potencial que él pueda llegar a desarrollar, de acuerdo al linaje de donde proviene. Un experto en la materia dijo: Se puede apostar sin temor a equivocarse a que este caballo es material ganador en el Kentucky Derby. Y aquí se puede aplicar el conocido refrán “De casta le viene al galgo”.


Una de las tácticas más usadas por el enemigo de nuestras almas, es poner en nuestras mentes pensamientos y complejos de inferioridad. El sabe que el concepto que tengas de ti, será un factor primordial en el éxito y la felicidad que alcances en tu vida. Tú hablarás, actuarás y reaccionarás de acuerdo a la persona que tú crees que eres. Si te ves a ti mismo como incapaz, insignificante, poco atractivo o inferior, lo más probable es que lo que logres en tu vida estará a la altura de esos pensamientos negativos. Si, por el contrario, tienes una imagen positiva acerca de tu persona, si crees que eres capaz de lograr el éxito en lo que te propongas hacer, lo más probable es que triunfes en tu empeño.


De lo primero que tenemos que estar consientes los cristianos es que, al aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador, hemos pasado de ser esclavos a ser hijos de Dios, y por lo tanto sus herederos a través de la sangre de Cristo. Dice Gálatas 4:4-7: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.” Y Gálatas 3:29 nos afirma: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”


Esto debes creerlo de todo corazón, y enfrentarte a cualquier pensamiento de inferioridad con la verdad de la poderosa palabra de Dios. Cuando el enemigo trate de hacerte sentir inferior, cuando a tu mente lleguen pensamientos depresivos o que intenten crear un bajo concepto de ti mismo, recuerda lo siguiente: ¡Tú tienes sangre real! Como nueva criatura en Cristo, tú has heredado un nuevo linaje espiritual. Dios sabe que no eres perfecto, pero él ve en ti a una persona que ha sido redimida a precio de sangre. Mantén tu cabeza en alto y no olvides nunca que eres un hijo o una hija del Rey de reyes y Señor de señores. 


El pasaje de hoy nos dice que somos linaje escogido, que somos pueblo adquirido por Dios. Esta es razón más que suficiente para que tengamos conceptos positivos de nosotros mismos. Al igual que ese caballo vale una fortuna, no por lo que ha hecho sino por la sangre que corre por sus venas, nosotros somos tesoros de valor incalculable para Dios, no por nuestros méritos sino porque fuimos comprados con la sangre de su Hijo. Y al igual que el comprador de ese caballo espera que él obtenga muchos premios en futuras competencias, nuestro Redentor espera que nosotros obtengamos grandes triunfos en nuestras vidas, para la honra y la gloria de su nombre. La Biblia nos asegura que “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8:37).


Declara con tus labios esta poderosa verdad, vive una vida de intimidad con tu Padre celestial y marcha adelante confiando en la victoria que espera a todos aquellos que han creído en Jesucristo como Salvador.


ORACION: Padre santo, gracias por la herencia preciosa que me has concedido por medio del sacrificio de tu Hijo. Ayúdame a estar consiente en todo momento de mi condición de hijo tuyo, y a declarar con autoridad que soy más que vencedor, cualquiera sean las circunstancias que me rodeen. En el nombre de Jesús, Amén.



Fuente: http://www.diostehabla.com/diaria.php

martes, 23 de noviembre de 2010

REFLEXIONES SEMANALES: ¿CÓMO RESUELVES TÚ EL PROBLEMA DEL PECADO?



El texto de hoy nos lleva a reflexionar sobre un tema ampliamente discutido en el campo teológico pero que a la vez es el fundamento de la fe en Cristo, pidamosle al Señor discernimiento para poder aceptar la única solución posible a este problema que seguramente es parte de nuestra vida.

Saludos y bendiciones

José Luis
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¿Cómo resuelves tú el problema del pecado? 

Romanos 3:23

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

En su libro “El Gran Divorcio”, el conocido autor y erudito cristiano C. S. Lewis narra acerca de un personaje que no quiere absolutamente nada que no sean “sus derechos”. Es decir, él quiere solamente lo que él merece, nada más, nada menos. A simple vista, esto parece un acto de humildad, sin embargo esta actitud es generalmente motivada por un sentimiento de orgullo y más bien refleja una falsa humildad. Hay personas que se resisten a aceptar cualquier tipo de ayuda. Algunas reaccionan diciendo: “No necesito tu compasión”, o “Yo puedo hacerlo por mí mismo”. Hasta cierto punto, estas personas inspiran respeto, pues están resueltas a triunfar en la vida por su propio esfuerzo. Sin embargo cuando esta actitud de orgullo se manifiesta en el aspecto espiritual, irremediablemente traerá graves consecuencias. Si nosotros creemos que somos autosuficientes en todo, y estamos determinados a resolver todos nuestros problemas sin la ayuda de nadie, vamos a fallar miserablemente cuando tratemos de resolver el problema del pecado.


El pecado es un problema que nos afecta a todos. El pasaje de hoy nos dice claramente que todos somos pecadores y por lo tanto no merecemos el acceso a la gloria de Dios. Y Romanos 6:23 declara que “la paga del pecado es muerte.” Si, al igual que el hombre orgulloso del libro de Lewis, solamente aceptamos “nuestros derechos”, o sea lo que merecemos, entonces el pecado reinará en nuestras vidas y sufriremos sus consecuencias, que no son otras que la separación de Dios y la condenación eterna. En realidad la única manera de ser libres de la carga del pecado y su terrible final es renunciar a nuestro orgullo y autosuficiencia, y aceptar humildemente lo que no merecemos: la salvación de nuestras almas a través del sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. Esta es la gracia de Dios, la cual se manifiesta precisamente al darnos lo que no merecemos.


Hubo un hombre llamado Saulo de Tarso, que era muy orgulloso, “circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (Filipenses 3:5-6). Este hombre tuvo un encuentro personal con Jesucristo cuando se dirigía a la ciudad de Damasco en gestiones para continuar su persecución de los cristianos. Allí en el camino se le apareció Jesús en medio de un gran resplandor, y le habló desde el cielo. Y Saulo cayó rendido de rodillas (Hechos 9:4). Desde ese instante la vida de Saulo de Tarso cambió radicalmente y para siempre. Aquel que ahora conocemos como el apóstol Pablo, más tarde escribió, refiriéndose a todas aquellas cosas que eran el motivo de su orgullo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” (Filipenses 3:7-8). 


En su carta a los efesios, el apóstol Pablo escribió: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9). Si no has aceptado a Jesucristo como tu salvador, y aun estás tratando de hacer buenas obras para ganarte el cielo, aplica a tu vida esta enseñanza, dale gracias al Señor por ofrecernos lo que es totalmente imposible de obtener por nosotros mismos: la salvación de nuestras almas, y abre tu corazón invitando a Cristo a entrar en tu vida.


ORACION: Dios de amor y misericordia, gracias por haber enviado a tu único hijo para morir por mí en la cruz, y así darme la salvación que jamás yo hubiese podido obtener por mí mismo. Hoy me gozo en la seguridad de la vida eterna, y te doy a ti toda la honra y la gloria. En el nombre de Jesús. Amén.



Fuente: http://www.diostehabla.com/diaria.php

REFLEXIONES SEMANALES: ¿TE ATREVES A DAR UN PASO DE FE?

Un paso de fe según lo explica el texto de hoy es un paso a lo desconocido; los seres humanos no tenemos las respuestas a todas las interrogantes y decisiones que se nos van planteando, Dios sí, por ello la única forma de dar ese paso se explica en la lectura.

Saludos y bendiciones

José Luis

¿Te atreves a dar un paso de fe? 

Hebreos 11:8-10

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”


Todos en algún momento hemos oído la expresión “dar un paso de fe”. ¿Qué significa realmente esta expresión? En estos momentos, mientras lees esta meditación, es muy probable que haya miles de personas debatiéndose en medio de una decisión que tienen que tomar. Quizás tú te encuentres en una de estas situaciones. ¿Debo aceptar este nuevo trabajo? ¿Debo comprar esta casa? ¿Debo casarme con esta persona? Sin duda, en nuestras vidas tendremos que dar un paso al frente en muchas ocasiones. Cuando en nuestras decisiones tenemos en cuenta la voluntad de Dios, cuando hemos orado buscando su dirección, y sentimos que él nos dirige en un cierto sentido y obedecemos aun en contra de nuestra propia opinión, entonces estamos dando un “paso de fe”. 


Hay ocasiones en que Dios nos llama a hacer algo, y su plan implica que caminemos hacia lo desconocido. El prepara una meta para nosotros que está más allá de nuestro conocimiento, nuestra experiencia y nuestro control. Es por eso que se requiere un paso de fe, porque si conociéramos el camino no sería una cuestión de fe. El problema es que muchas personas, simplemente, no pueden dar ese primer paso, y como consecuencia se pierden todo el plan de Dios con todas sus bendiciones. Sin duda, el primer paso es el más importante. Si no tomas la decisión inicial, entonces nunca te moverás del lugar donde te encuentras en estos momentos.


El pasaje de hoy nos habla de cómo Abraham, por medio de la fe, obedeció el llamado de Dios y salió del lugar que él había llamado “hogar” toda su vida, junto con su familia y sus pertenencias y marchó a un lugar desconocido para él. Esto es lo que se llama un gran paso de fe. Abraham no conocía su destino, pero estaba convencido de que Dios tenía un plan mucho mejor para su vida. Dios le había dicho antes: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” (Génesis 12:1-2). El creyó a Dios y no tuvo temor de dar el primer paso y emprender el viaje a lo desconocido, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”, dice el texto bíblico de hoy.


La Biblia dice que “sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11:6a). A nuestro Dios le agrada que depositemos en él nuestra confianza y nos esforcemos dando el primer paso y marchando adelante. Si lo hacemos, él estará con nosotros y nos llevará al lugar que él ha planeado para bendecirnos abundantemente. Así le dijo a Josué, "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas." (Josué 1:9). El joven Josué tenía delante de sí una tarea de gran trascendencia: sustituir a Moisés como líder del pueblo israelita y guiarlos hasta la tierra prometida. El escuchó al Señor, confió en él, le obedeció dando un paso de fe y marchó adelante en busca de la promesa. Así pudieron tomar posesión de Canaán y disfrutar allí de las bendiciones que Dios había preparado para ellos.


¿Estás dispuesto a seguir las instrucciones de Dios, aun cuando no sabes lo que te espera adelante? Sólo Dios puede ver adonde te va a llevar ese primer paso. Confía en él, entrégate a la oración día tras día, medita en su palabra, y busca su voluntad en tu vida. Una vez la conozcas, decídete a dar ese paso de fe, en el nombre de Jesucristo.


ORACION: Padre santo, te ruego me des discernimiento espiritual para conocer tu voluntad, y dame valor y determinación para dar el primer paso en ese camino, confiando que entonces tú te harás cargo de todos los obstáculos y me harás llegar a la meta en victoria. En el nombre de Jesús, Amén.



Fuente: http://www.diostehabla.com/diaria.php

jueves, 18 de noviembre de 2010

REFLEXIONES SEMANALES: ¿TE DELEITAS TÚ EN LA PRESENCIA DE DIOS?

El diccionario define deleite como placer, satisfacción, gozo, eso precisamente se manifiesta en nuestras vidas cuando mantenemos una relación estrecha con Cristo, no importa lo que pase a nuestro alrededor, siempre mantenemos esa paz que sobre pasa todo entendimiento, disfrutémosla y busquémosla, no dentro de una religión determinada, sino dentro de una relación directa con quien produce esa paz y ese gozo.

Saludos y bendiciones

José Luis
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¿Te deleitas tú en la presencia de Dios? 

Salmo 34:8


“Gustad y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.”
 
Hay algunas cosas en la vida las cuales tenemos que hacer por obligación o por la fuerza. Quisiéramos evitarlas pero no podemos, es necesario hacerlas, y con toda seguridad no disfrutamos mucho el llevarlas a cabo. Hay también otras cosas que hacemos de manera rutinaria o mecánica. Hemos estado haciéndolas por algún tiempo, y llega el momento en que nos acostumbramos a la rutina, y las hacemos casi automáticamente. Si bien éstas no las estamos haciendo obligadamente, tampoco podemos decir que estamos disfrutando plenamente el momento. Ahora bien, ¡qué diferente es hacer algo con gusto! Entonces todo nuestro ser se involucra y disfruta de lo que hacemos. Hacer las cosas con gusto significa disfrutar mientras las hacemos, como cuando saboreamos una rica comida. 


Generalmente asociamos la palabra “gustar” con cosas físicas o materiales, pero no consideramos las cosas espirituales. Dios desea que nuestra vida espiritual tenga esa característica, pero muchas veces, consciente o inconscientemente, nos envolvemos en la práctica de una religión fría, rutinaria y aburrida que nada tiene de gustosa. En el pasaje de hoy, el salmista nos invita a que gustemos, es decir a que probemos y veamos lo bueno que es el Señor, y a que disfrutemos de su santa presencia. A menos que gustemos y disfrutemos de la presencia de Dios nuestro cristianismo será algo rutinario y aburrido, carente de propósito y con pocos resultados. El rey David nos exhorta en el Salmo 37:4: "Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón." 



Deleitarse es disfrutar plenamente de algo. Nos deleitamos en la presencia del Señor cuando al pasar un tiempo con él, disfrutamos cada momento, sin prisa, abstraídos, alejados del mundo, envueltos en su paz inefable y saboreando la dulzura de su Espíritu. Cuando llegamos al nivel espiritual en el que día tras día nos deleitamos en la presencia de Dios, meditando en su Palabra y pasando un tiempo de oración en el Espíritu, sentiremos que todas nuestras necesidades espirituales y emocionales son cubiertas, y las peticiones de nuestro corazón serán satisfechas.

En Juan 6:35, Jesús les dijo a un grupo de sus seguidores: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Cuando una persona prueba verdaderamente el pan de vida, queda satisfecha para toda la vida. Cuando alguien bebe el agua de vida sacia su sed totalmente y para siempre. Jesucristo es este pan y esta agua. ¡El es la única y verdadera fuente de plena satisfacción y el que le da buen sabor a la vida! Junto al pozo de Jacob, Jesús le dijo a la mujer samaritana: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (Juan 4:13-14).


Entrégale a Dios en este día toda esa fría religiosidad que te ha impedido disfrutar de su compañía y comienza a deleitarte en él. Toma la firme decisión de buscar el rostro del Señor cada día, y pasar un tiempo a solas con él. Hazlo con fervor, con expectativa, con anhelo en tu corazón de disfrutar de su presencia, sabiendo que "en su presencia hay plenitud de gozo." (Salmo 16:11). 


ORACION: Mi bendito Padre celestial, te ruego pongas en mí el fuego de tu Santo Espíritu. Enséñame a disfrutar de tu compañía al leer tu Palabra, al orar y al alabarte con mis labios. Llena mi corazón de tu paz y de tu gozo y ayúdame a deleitarme en tu santa presencia. En el nombre de Jesús. Amén.



Fuente: http://www.diostehabla.com/diaria.php