viernes, 30 de abril de 2010

EXÉGESIS BÍBLICA (YATTENCIY BONILLA): Guerra Espiritual

GUERRA ESPIRITUAL
Por Dr. Yattenciy Bonilla, Exegeta Bíblico, Profesor, Escritor y Conferencista internacional.




  
 I. INTRODUCCIÓN.
Estamos viviendo un tiempo donde la guerra espiritual es un tema de moda,  muchas iglesias de corte pietista ven en este tema lo esencial para la vida cristiana, donde el arte de reprender a los demonios y expulsarlos se va constituyendo en la naturaleza de la misión de la Iglesia.

De la guerra espiritual se ha formado toda una ciencia y un arte, nuevos elementos han nacido, donde la cartografía (mapeo) se constituye en una estrategia decisiva para conocer las áreas vulnerables de los demonios y así garantizar una posible victoria en la famosa llamada guerra espiritual.

Sobre este tema surgen muchas preguntas:

1.      ¿Hay fundamento bíblico para la guerra espiritual?
2.      ¿Qué es lo que le garantiza a un cristiano la victoria espiritual?
3.      ¿Puede un cristiano ser poseído o tener demonios?

Estas y otras preguntas surgen de este controversial tema, es por eso que quiero analizarlo brevemente desde un punto de vista bíblico, tomando textos que  se han usado para fundamentar dicho tema, entre ellos: Job capítulos 1 y 2; 1 P. 5:8; Ef. 6:10-20.

II. ANÁLISIS DE TEXTOS QUE HABLAN SOBRE EL TEMA.
1. Job capítulos 1 y 2.
Algunos especialistas sobre guerra espiritual han tomado como texto base para fundamentar ciertas ideas el libro de Job, específicamente los capítulos 1 y 2; y tenemos que saber comentar este libro, porque primero a través de estudios arqueológicos y de extremados análisis lingüísticos del libro se ha determinado que no es el libro más antiguo de la Biblia, sino uno de los últimos en elaborarse del Antiguo Testamento, y su elaboración se dio por partes. Primero se elaboraron los capítulos 1 y 2, que constituyen el prólogo, y después el epílogo, que es capítulo 42, versículo del 10 al 17. Después se compuso todo el capítulo 28 que habla sobre la sabiduría, en una fase posterior los monólogos de Job y por último los diálogos de Job; dentro de todo este contexto de elaboración hay que entender cuál es la concepción sobre Satanás en aquel momento dentro del pensamiento judío. A través de estudios minuciosos de la concepción de la demoniología para el pueblo judío se llega a una conclusión firme y segura: todo el tema teológico de la demoniología se dio dentro de un proceso que maduró en el contexto del Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento la concepción del mal y del bien provenía de un mismo ser, o sea Dios, él era la causa de todo acto bondadoso o negativo que sucediera en el mundo de los hombres, especialmente en el pueblo judío, porque el judaísmo no aceptaba el dualismo antagónico, que era la lucha entre el bien y el mal. Aceptar dos principios rivales, opuestos, era en el fondo crear dos dioses, el dios del bien y el dios del mal; este dualismo atentaba contra el concepto del monoteísmo judío, y el monoteísmo no solamente consistía en creer en un solo Dios, descartando otros dioses, sino también en creer en un solo Originador, tanto del bien como del mal, es por eso que el Antiguo Testamento le atribuye a Jehová tanto las cosas buenas como las cosas malas. Es por eso que en Job 2:10, cuando éste reprende a su mujer, le dice: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?”, esta expresión era típica dentro del pensamiento judío antiguo, al atribuirle a Dios todas las cosas que sucedían.

Si se buscan las raíces fundamentales y elementales que nombran a los demonios y a Satanás, nos encontramos con una raíz hebraica muy usada en el Antiguo Testamento, y es la que usa precisamente el texto hebraico de Job, capítulos 1 y 2, y es satán Jl"m:. Dicho término traduce literalmente al español, “el que pone sospecha”, o “el que ataca”. El término se desprende de los idiomas semíticos, de la raíz de makak, que se traducía “empleado de los dioses para ejecutar sus preceptos”; y de ahí se formó posteriormente el término melek Jl,j,, que significa “lugarteniente de Dios” o “rey”. Observemos que en el hebreo antiguo no había vocales, sino que se usaban las consonantes para significar ideas o pensamientos; la diferencia entre satán y melek radica en un signo convencional, que es una vocal, pero se conserva la misma estructura sintáctica de las consonantes, conservando así el mismo significado entre satán y melek, “como un representante de Dios”; si melek era “rey” o “príncipe”, con la función de lugarteniente de Dios en la tierra, y satán significa “un representante de Dios, que tiene la función de poner sospechas sobre algo o alguien”, pero dentro de un ambiente de prueba, es por eso que en el capítulo 1, versículo 6 Satanás se presenta con los hijos de Dios, dándole un ambiente y un aspecto positivo a su persona, y el ambiente donde se desarrolla el diálogo es totalmente positivo y agradable, donde el mismo Dios pone en consideración a Job y el mismo Satanás también pone a consideración sus criterios sobre Job, y llega un momento en que Jehová acepta los criterios de Satanás, cuando dice que él no sirve a Dios de balde, porque todo lo tiene, entonces Dios permite que Satanás le ponga dos grandes pruebas, la primera atenta contra sus bienes materiales, y la segunda sobre su vida (la salud). De este texto podemos hacernos grandes preguntas, si lo tomamos literalmente:

1.      ¿Cómo puede ser que Dios se deje influenciar por Satanás?
2.      ¿Por qué Dios representando el bien supremo dialoga con el representante del mal y deciden en conjunto sobre la suerte de los hombres?

Estas dos preguntas asustan a un creyente, si se usa un razonamiento lógico, y esto daría inseguridad, por el hecho de pensar que Dios se deja influenciar por Satanás, pero al texto no lo podemos entender literalmente, hay una serie de procedimientos técnicos, lingüísticos (usando el hebreo), arqueológicos, culturales, que se ponen de relieve para poder interpretar exegéticamente el relato, y una de las claves hermenéuticas sería el concepto de satán, que no tiene una connotación maléfica, ni dañina, sino como alguien que pone sospechas, es por eso que el texto no apunta a una guerra espiritual contra el creyente, sino que es un relato que está desmontando la doctrina de la retribución[1], bien fundamentada en otros textos del Antiguo Testamento, que recogen otras tradiciones, especialmente el Pentateuco.

Entonces hay que entender que Job no recoge el tema de la demoniología bajo perspectivas maléficas o de guerra, porque el Antiguo Testamento no presenta una concepción del diablo como el príncipe de las tinieblas, que es el líder de toda obra pecaminosa. Esto ya lo recoge el Nuevo Testamento, pero de una forma todavía tímida, es por eso que en el Nuevo Testamento ya hay una concepción más clara sobre la figura del diablo.

2. 1 Pedro 5:8.
         “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente anda alrededor buscando a quien devorar”.

El término “sobrio” viene del verbo nhvfw (nefo), y la mejor traducción sería “ser sobrio o juicioso”; “practicar el dominio propio”.[2] Este verbo que está en imperativo, segunda persona plural, inicia dicho versículo como una forma de exhortación; el autor quiere enseñarnos a tener un dominio propio y a mantener una conducta justa, pero para entender qué tipo de conducta tenemos que acudir al contexto de la carta. La primera de Pedro no es una epístola común y corriente, es una homilía bautismal, que fue dirigida a varias iglesias, con una connotación de Iglesia universal. El contexto de dicha homilía es invitar al oyente a una reflexión sobre el pecado, y despertar una conciencia al bautismo como expresión de perdón de pecados, que significa la obra salvífica de Dios, sepultarnos en las aguas bautismales para nacer de nuevo; es por eso que el autor invita a sus oyentes a que vivan una conducta de dominio propio como expresión de salvación que fue significada y simbolizada a través del bautismo. El que vive la salvación está invitado a vivir una conducta unida a la vida de Jesucristo.

El segundo verbo que está en imperativo es “velad”, grhgorevw (gregoreo) que traduce “estar o mantenerse despierto”, “vigilar”, “estar alerta”.[3] Lo que Pedro nos quiere comunicar con este segundo verbo es vivir un dinamismo espiritual que nos ayuda a mantenernos en una vida de santidad. Cuando se juntan estos dos verbos, “sed sobrios” y “velad”, no estamos permitiendo cualquier oportunidad al diablo de que intervenga en nuestras vidas; es por eso que un cristiano consagrado no puede ser poseído por demonios o por el diablo, porque la garantía espiritual dada por Dios en Jesucristo a través de su sangre, es una realidad auténtica que no permite ser pisoteada por el poder demoníaco. Como el mismo Pedro lo dice en el versículo 8; “porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”, una palabra clave en esta segunda parte del versículo es “adversario”; en griego ajntivdiko~ (antidikos), este es un término que viene del dialecto griego ptolomaico, el cual representa el griego jurídico o legal. El término  ajntivdiko~ (antidikos) hay que entenderlo dentro de un ámbito netamente jurídico; Pedro quiere decir que tenemos un adversario, y este adversario es legal, pero dentro del derecho griego, que también fue la base del derecho romano, en toda dialéctica legal (cuando hay dos partes opuestas) las dos tienen derechos que les garantizan a cada uno su estabilidad, su legalidad, su libertad, o sea que ninguna parte puede oprimir a la otra, sino por el contrario, puede defenderse ante la otra. Con esta explicación científica del término, Pedro nos quiere decir que el diablo, aunque sea un adversario, no tiene el derecho a destruirnos si nosotros nos mantenemos sobrios en Cristo Jesús, o sea, en una profunda intimidad con Dios, en Cristo, a través de su Santo Espíritu. Aquí se le acaba la atribución al diablo, y no nos puede atacar, ni dañar, por eso es muy bueno acudir a los manuscritos griegos para entender estos pasajes polémicos que se prestan a interpretaciones emotivas y subjetivas. Ya con esto logro demostrar que la guerra espiritual puede tener una connotación subjetiva, cuando el creyente no está seguro espiritualmente en su relación íntima con Dios en Jesucristo, a través del Espíritu Santo, y esto produce que “el creyente” se sienta vulnerable a poderes demoníacos y por una inseguridad psicológica espiritual empiece a ver demonios en toda área de su vida y en los otros.

La mejor medicina para mantener una vida en victoria espiritualmente ya lo está dando 1 P. 5:8, y también lo sugiere el apóstol Pablo en Ef. 6:10-20.

3. Efesios 6:10-20.
En este pasaje, a través de la ilustración de la armadura de Dios, Pablo nos da un sabio y profundo consejo de cómo mantenernos victoriosos espiritualmente descartando cualquier ataque demoníaco, y usa la ilustración de la armadura tomándola de la armadura que usaban los soldados romanos. En el versículo 10, “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. Cuando Pablo usa la expresión “fortaleceos en el Señor”, ejndunamou`sqe ejn kurivwæ (endunamouste en kurio); si se hace un análisis detallado de estas dos palabras, se verá que la primera, ejndunamou`sqe, es un compuesto de dos términos, el primero es ejn (en), es una preposición que significa identidad, cuando hay dos sujetos los dos se identifican en una sola realidad a través de esta preposición; el segundo término es duvnami~(dunamis), que significa “un poder que viene de Dios”; este término solamente es usado cuando el sujeto de la acción es Dios, y si unimos las dos palabras da una connotación de una profunda intimidad con Dios, y como consecuencia de dicha intimidad tenemos un poder, y este poder es muy fuerte y nos ayuda a resistir cualquier ataque demoníaco, y todavía se complementa con la expresión ejn kurivwæ (en kurio), que también significa, con la preposición ejn, identidad e intimidad, o sea que en el versículo 10 Pablo nos está garantizando y aconsejando que tenemos que fortalecernos en Cristo a través de una profunda comunicación y comunión con él, que se va generando en el proceso de santificación. En el versículo 11 y siguientes, Pablo ilustra este axioma del v. 10 con la figura de la armadura, y cuando va usando cada elemento de la armadura los va relacionando con una cualidad esencial de la naturaleza cristiana, y esta descripción empieza en el v. 14 hasta el v. 17. Relaciona la acción de ceñirse los lomos, que era a través de un cinto, con la verdad (v. 14a); la coraza con la justicia (v. 14b); el calzado con el Evangelio de la paz (v. 15); el escudo con la fe (v. 16); el yelmo con la salvación (v. 17a); la espada con el Espíritu (que es la Palabra de Dios) (v. 17b). Estas seis características demuestran la naturaleza de todo creyente:

a. La fe: Significa la identidad con Dios en Jesucristo, esto nos garantiza una vida dinámica y en crecimiento en el Espíritu.

b. La justicia: Es la expresión dinámica y concreta de la fe, transformándose en el amor, que tiene que ver con la caridad cristiana; esto genera los buenos frutos. Si en la vida cristiana no hay buenas obras significa que la fe no está bien fundamentada.

c. La verdad: Es una característica esencial de la naturaleza cristiana que expresa una vida auténtica en Dios producto de una comunión con Él.

d. El Evangelio de la paz: Es la disposición de vivir y de comunicar el Evangelio que transforma vidas, o sea que el ejercicio misionero o apostólico es una muy buena arma para defenderse de los ataques del enemigo.

e. La salvación: Desarrollar una vida cristiana en el dinamismo de la salvación nos da una seguridad espiritual y nos anticipa el triunfo final.

f. La vivencia del Espíritu a través de su santa Palabra: Nos fundamenta intelectual y espiritualmente en la solidez de la fe y de la relación con Dios.

Si vivimos estos seis principios el cristiano auténtico no tiene que preocuparse por el diablo, porque ya fue derrotado por Cristo en la cruz, sino preocuparse por ser más santo a través de la relación con Dios.

III. CONCLUSIÓN.
Una de las grandes características del tema guerra espiritual es una obsesión de lucha y de batalla, pero las personas que declaran la guerra constantemente al demonio y a toda potestad maligna, a veces descuidan su profunda intimidad y relación con Dios, es por eso que el mejor consejo es vivir una vida de santidad, dependiendo del Espíritu, en Cristo Jesús, esto nos garantiza una seguridad espiritual y una madurez tanto personal como espiritual.






A veces el tema de la guerra espiritual puede ser más psicológico y subjetivo, dando como consecuencia una inseguridad. En uno de los trabajos elaborados en forma de entrevista y estadística por un pastor de Quito, llegó a la conclusión de que cerca del 98% de los cristianos que viven el tema de la guerra espiritual, y declaran la guerra a los demonios constantemente, tenían problemas de baja autoestima, inseguridad, ansiedad, y no tenían una profunda relación con Dios en un sentido de victoria y de salvación, en el fondo descuidaron su comunión con Dios para dedicarse a pelear con el diablo y los demonios. Los consejos de Pedro y de Pablo son pertinentes y oportunos, nos sugieren que mejor vivamos la fe, la justicia, la verdad, etc. y ahí nos vamos a declarar vencedores porque vamos a crear una naturaleza de santidad y el diablo no nos podrá hacer daño, porque ya fue derrotado en el calvario, y aquí entra más una actitud psicológica, si nosotros pensamos que somos vulnerables, le estamos dando al diablo el poder y nos colocamos en el puesto de víctimas, pero con el poder espiritual que Dios nos ha dado tenemos que abandonar el lugar de víctimas y colocarnos en el sitio de vencedores, y el demonio no nos hará daño. En el momento en que creamos que el demonio penetra en la vida de un auténtico cristiano convencido, que vive en ejercicio de santificación, estamos viendo a Dios como el grande de los mentirosos, porque lo que hizo en la cruz Jesucristo fue una estafa, y así no podemos considerar a Dios ni a la obra de Jesús, porque él nos garantizó con su muerte redentora el vivir un poder espiritual en Dios, y ninguna obra demoníaca podrá destruirlo, si nosotros vivimos las virtudes de la fe.

Yo invito a los oyentes a que mejor nos preocupemos por estar más en intimidad con Dios, y practicar la verdad, la justicia, y vivir la seguridad de la salvación, y preocuparnos más por ser una Iglesia misionera y apostólica para anunciar las Buenas Noticias de salvación a un continente envuelto en la pobreza,  la injusticia, en la miseria, y ser agentes de cambio a través de la Iglesia.

Podemos pensar que nuestra vida cristiana es una guerra espiritual, en el sentido de que diariamente batallamos, incluso con nosotros mismos, por vivir nuestra santidad como consecuencia de la salvación, contra toda conformidad a este mundo, o este siglo, como dice el apóstol San Pablo (Ro. 12:2); no podemos dejar que el mundo nos afecte, sino que tenemos que afectar al mundo, y transformarlo para que Jesucristo sea Señor a través de la Iglesia que proclama Su reino.

IV. BIBLIOGRAFÍA.
- Parra, Lorenzo. Comentario Exegético del Nuevo Testamento. Ed. San Pablo. España.
- Cuadernos Bíblicos. Comentario al Libro de Job. Ed. Verbo Divino. España.
- Santa Biblia. Versión Reina-Valera.
- The Greek New Testament. Sociedades Bíblicas Unidas. Tercera Edición. 1975.


[1] La doctrina de la retribución significa pensar que Dios bendice con toda clase de bienes materiales a los hombres aquí en la tierra, si ellos eran fieles a Jehová, y esto es una forma de salvación, es por eso que Job está desmontando dicha doctrina.
[2] The Greek New Testament. p. 119.
[3] Ibid. p. 39.


1 comentario:

JOSE DARIO RODRIGUEZ USUGA dijo...

Me parece muy importante y serio su aporte sobre este tema que distorsiona la vida del creyente. Ha convertido la practica cristiana en sensacionalismo y expectativa que muchas iglesias y personas han utilizado para ganar adeptos.